Diseño de Programas Educativos para Mayores

Mountain View

Autor: M. Teresa Anguera

1. ¿QUÉ ES UN PROGRAMA EDUCATIVO PARA MAYORES?

Son numerosos los estudios especializados en Gerontología en los últimos años que afirman que la vejez y senectud deben contemplarse como un proceso gradual, que transcurre a lo largo de un tiempo muy dilatado, y en el cual intervienen variables y factores de todo tipo que irán modelando o configurando la especial forma como cada ser humano accede a la vejez (García Arroyo, 1995).

La consideración de que la vejez y senectud son un proceso diferencial implica que el estudio de este tramo de la vida debe ser preciso tanto en sus diferencias intraindividuales como interindividuales, en las cuales los factores sociales de tipo microsocial y macrosocial adquieren una relevancia primordial. Ya Baltes (1973) desarrolló el concepto de “gerontología de la intervención”, con el fin de justificar que la moderna psicología del desarrollo no debe limitarse a describir y explicar cambios en el comportamiento humano debido al proceso de envejecimiento, sino que es preciso intervenir. Y esta intervención es la que da lugar a los programas a los cuales nos referimos, mostrando un mayor énfasis por los de carácter educativo.

Pero, por otra parte, surge la pregunta, de compleja respuesta, acerca de qué es un programa educativo, o en qué se substancia la educación en personas mayores para dar lugar a una serie de acciones concatenadas (...) que persiguen un determinado objetivo de carácter educativo.

Al referirnos a programa educativo significamos un vínculo flexible entre acciones dirigidas a los mayores, que no sólo implica adiestramiento para la adquisición de habilidades o competencias orientadas a niveles más o menos elevados de operatividad, sino como un proceso complejo y holístico que afecta contextualmente al saber, saber hacer y saber ser en tercera edad (Ballesteros Jiménez, 2004). El abanico de posibilidades educativas es muy amplio, y podemos encontrar desde las ofertas educativas más regladas, como la universidad de los mayores, a cursos de alfabetización, talleres de manualidades, programas de vacaciones, o incluso de termalismo (Sancho y Rodríguez, 1999; López Honrubia, 2004).

La intervención en mayores implica conocer detalladamente el ámbito de la realidad a la cual se dirige, así como matizar la finalidad específica a la cual se encamina el programa. Y, en cualquier caso, dicha intervención se hallará supeditada a un determinado marco teórico (Rubio, 1996). Reese & Overton (1980) señalaban dos modelos para ubicar la acción interventiva en el desarrollo humano: el modelo del déficit, que presenta al individuo –la persona mayor, en nuestro caso– como carente de algo, y el modelo de las diferencias, que muestra una falta de socialización del usuario del programa desde la perspectiva de un determinado contexto, aunque esté satisfactoriamente cubierto desde otros. Ambos modelos se dirigen a la adquisición de carencias o al fortalecimiento de aspectos débiles con algún propósito determinado (Vega, 1990).

En el ámbito de intervención cognitiva, los enfoques conceptuales se pueden agrupar en grandes grupos (Sáez y Vega, 1989): Modelado, de instrucción directa, de feedback, de práctica de problemas similares, de rapidez en el cambio de respuesta. Todos ellos pueden actuar como marco de referencia para el diseño de un programa en mayores.

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