Influencia del Optimismo en la Actividad Física y el Deporte

Mountain View

Autor: DR. FRANCISCO JOSÉ ORTÍN MONTERO y DR. ENRIQUE JAVIER GARCÉS DE LOS FAYOS RUIZ

A lo largo de los años, la psicología se ha centrado fundamentalmente en la solución de problemas y la definición de patologías o trastornos con el objetivo de generar intervenciones para su solución. De esta manera, características como la alegría, el optimismo, la creatividad, el humor o la ilusión han sido ignoradas o explicadas superficialmente (VERA, 2006). Por otro lado, cabe destacar históricamente el aporte del movimiento humanista, que a través de Maslow y Rogers ofrecen una imagen positiva del ser humano, frente a la visión en ocasiones reduccionista de la época (HERVÁS, 2009).

El interés moderno por el optimismo nace de la constatación del papel jugado por el pesimismo en la depresión (BECK, 1967). Actualmente, el estudio de la influencia del optimismo sobre la vida del ser humano se puede considerar una línea de investigación emergente. Aunque el término optimismo cuenta con un recorrido histórico amplio, la psicología positiva como paradigma científico tiene algo más de una década de vida. Fundada por Martin Seligman, la psicología positiva centra su atención fundamentalmente en la investigación de las emociones positivas, la resiliencia, el optimismo y otros términos relacionados como factores importantes para la salud y el rendimiento en diferentes contextos. Así, algunos estudios del ámbito de la salud señalan la relación de este constructo con la enfermedad y el dolor (MARUTA, et al., 2000; REES, INGLEDEW Y HARDY, 2005; REMOR, AMORÓS Y CARROBLES, 2006).

En los últimos años, las investigaciones sobre optimismo han abarcado diferentes contextos entre los que se encuentran el educativo y la actividad física. Ambos comparten de hecho la necesidad de afrontar retos y superar adversidades y sobre todo, la necesidad de superar evaluaciones, numéricas y en ocasiones sociales.

El estudio del optimismo se ha llevado a cabo desde dos perspectivas fundamentales:

  • por un lado la teoría disposicional, iniciada por Sheier y Carver (2003) que como señalan García- Naveira y Díaz (2010), este modelo asume que cuando surgen dificultades, las expectativas favorables incrementan los esfuerzos de las personas para alcanzar los objetivos; en tanto que las expectativas desfavorables reducen tales esfuerzos, a veces hasta el punto de desentenderse totalmente de la tarea. Por lo tanto, los optimistas son personas que tienen expectativas y percepciones positivas sobre su vida, mientras que los individuos pesimistas tienden a representar su vida de forma negativa. Tales expectativas se consideran además como disposiciones estables (rasgos).

  • por otro lado, el optimismo se ha estudiado desde la teoría de las pautas explicativas, iniciada por Abramson, Seligman y Teasdale (1978) y que tiene su origen en la teoría de las atribuciones más clásica de Weiner en la década de los treinta.

Los estilos explicativos se refieren a la forma que las personas dan explicación a los sucesos que le ocurren (ISAACOWITZ, 2005; SHAPCOTT et al., 2007). En este sentido, el modo habitual para explicar la propia experiencia, marca una pauta que desde el punto de vista teórico, cuenta con tres dimensiones fundamentales: la permanencia, la amplitud y la personalización (ABRAMSON et al., 1978; SELIGMAN, 2004).

La permanencia hace referencia a la temporalidad de las causas del suceso. Así, esta dimensión divide las causas en permanentes y circunstanciales. La dimensión amplitud explica el alcance de dicha explicación, pudiendo formular explicaciones universales o específicas. Por último, encontramos la dimensión de personalización aludiendo a factores externos o internos en la explicación del suceso.

La evaluación que una persona realiza sobre un evento puede marcar de manera importante su futura conducta y su motivación para enfrentarse a eventos similares. Las personas suelen interrogarse sobre la causa de lo sucedido cuando le ocurren cosas que evalúan como negativas, por el contrario cuando suceden cosas buenas no proceden a dicha reacción (WORTMAN; SILVER, 1989). Las explicaciones suelen ser muy diferentes para vivencias de éxitos o fracaso (WEINER et al., 1971).

Seligman (2004), relaciona el optimismo con los estilos explicativos, de manera que una determinada pauta explicativa en situaciones positivas o en contratiempos, marcan un estilo de respuesta optimista o pesimista en cada una de las dimensiones. Sanjuán y Magallares (2007) señalan que las personas con estilo explicativo negativo comparadas con las que se caracterizan por un estilo explicativo positivo, informan de más enfermedades, realizan más visitas al médico y se sienten menos capaces de controlar su salud (mantener y/o promover) padecen más enfermedades, tienen un mayor número de accidentes, su sistema inmunológico presenta peor eficiencia y sobreviven menos tiempo después de haber sufrido un ataque cardíaco. En cuanto a la evaluación del optimismo, numerosos trabajos utilizan cuestionarios sobre atribuciones o estilos explicativos (CALVETE et al., 2007; GORDON, 2008; HALE, 1993). Sin embargo, cada vez más los estudios sobre optimismo utilizan herramientas específicas para su medición (FERRANDO, CHICO Y TOUS, 2002; GAUDREAU; BLONDIN, 2004; REMOR et al., 2006; NICHOLLS et al., 2007).

Al hablar de optimismo no debemos pensar en una característica de la persona que le convierte en un ser utópico y excesivamente soñador. La esencia válida del optimismo es la capacidad de los sujetos para afrontar de manera positiva las situaciones a las que se enfrentan. De hecho, uno de los aspectos esenciales será que la persona tenga en cuenta que las cosas pueden salir mal y tener alternativas preparadas en caso que eso ocurra. En este sentido, señalamos que no es adecuada cualquier fórmula de optimismo sino atribuciones adecuadas sobre lo vivido, el conocimiento de los propios recursos y un establecimiento de metas racional y psicológicamente sano.

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