La Formación No Presencial ante el Reto de las Competencias Profesionales

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Autores: Jaume Sarramona y Víctor Santiuste

Nadie podrá negar que las diferencias entre la denominada ‘educación’ o ‘enseñanza a distancia’ y la presencial se han ido diluyendo en los últimos decenios gracias al avance de las técnicas comunicativas. Actualmente quedan muy lejos algunos debates surgidos durante los años setenta y ochenta del siglo pasado, en pleno auge de la educación a distancia gracias a la proliferación de universidades e instituciones de índole diversa que adoptaban esta modalidad didáctica de manera exclusiva o preponderante. Las acusaciones que se hacían a esta modalidad de enseñanza de que no proporcionaba una interacción rápida se han eliminado definitivamente, y las dificulta-des de flexibilidad y actualización de los contenidos han quedado vinculadas a la voluntad de actuación de los gestores de los programas, que ya disponen de mecanismos ágiles para introducir cambios con suma rapidez. Incluso la clásica objeción de considerar que la educación a distancia no hacía posible la interacción de los alumnos entre sí y la realización de tareas en grupo, ha quedado superada ante las posibilidades que ofrecen las redes sociales vinculadas al sistema formativo.

La conclusión de esta nueva situación resulta clara, tal como han destacado multitud de autores, las diferencias entre la tradicionalmente denominada ‘educación a distancia’ y la educación presencial se difuminan, quedando limitadas a la compartición o no de un mismo espacio físico (aula) en el momento en que se produce el proceso de enseñanza-aprendizaje. Y la pregunta que inevitablemente se nos plantea ante la nueva situación es si se justifica en función de esa sola variable la diferenciación entre los respectivos sistemas didácticos. La respuesta no resulta sencilla pero sí ha quedado evidenciado que las diferencias entre una y otra modalidad didáctica se han reducido, de tal modo que más bien queda la opción de hablar de sistemas didácticos más o menos distantes, sin que este calificativo se pueda aplicar estrictamente al contexto espacial; resulta ilustrativo, al respecto, que una universidad a distancia de Cataluña (UOC) se publicite como ‘la universidad sin distancias’. Por lo tanto, solo resta como elemento diferenciador la relación cara a cara que ofrecen las aulas en comparación con un sistema a distancia que no contemplara esa relación de manera habitual, si bien muchos programas la establecen de manera periódica o como posibilidad complementaria, como es el caso de la UNED española.

El movimiento de la enseñanza a distancia ha ido variando en sus procedimientos desde la denominada era industrial a la actual, postindustrial, caracterizada, esta última, por el uso de un tipo de aprendizaje colaborativo y constructivista, al tiempo que recurre a las tecnologías de comunicación más avanzadas. Estos modelos de aprendizaje inauguran una nueva era para efectuar los cambios que demanda una educación de excelencia que complemente el aprendizaje tradicional, basado en la escucha y la pasividad; se pasa de lo que se ha denominado «aprendizaje dirigido por el profesor» (A.D.P.) a un «aprendizaje dirigido por el alumno» (A.D.A.) (Gibbons, 2002). No obstante, los dos tipos de aprendizaje mencionados mantienen una vinculación a través de la función que ejerce el profesor.

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